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miércoles, 7 de octubre de 2009

ESTANZUELA PARAISO ENCONTRADO

Uno de los sitios más bellos de Estelí se encuentra en la preciosa cascada de La Estanzuela.
Por un sinuoso y pedregoso camino avanzaba difícilmente, en medio de elevadas montañas y profundas cañadas, la poderosa Van en que viajábamos para llegar al lugar de la inauguración de la estación guardaparques de la Reserva Natural Meseta Tisey-Estanzuela en Estelí, este viernes.

La neblina cubría los cerros, parcialmente cubiertos de bellos pinares adultos, cuyas rugosas superficies asemejan un rompecabezas de colores desde el verde musgo al crema y al blanco sucio, propiciado todo ello por la humedad reinante en el ambiente, mientras breves lloviznas ponían más fresco el tiempo.

La estación guardaparques de la Reserva Natural Tisey- Estanzuela, está ubicada en una de las estribaciones montañosas, ubicada unos 13 kilómetros al sur de la ciudad de Estelí, hermoso paraje donde el visitante se aleja del permanente estrés de las ciudades.

El sitio fue construido con apoyo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente, a través del proyecto de Co-manejo de Areas Protegidas y es co-manejada por la Fundación de Investigación y Desarrollo Rural (FIDER).

APOYO DE AID

Esta reserva es uno de los diversos proyectos para los cuales ha colaborado la AID, que ha aportado más de tres millones de dólares para el proyecto de Co-Manejo de seis Areas Protegidas.

Entre estos proyectos están las reservas del volcán Cosigüina y del Estero del Padre Ramos, en Chinandega; del Musún, en Matagalpa y de El Brujo-El Chocoyero en Ticuantepe. Las comunidades se integran a la administración de sitios como éste, haciéndolos autosostenibles con la promoción de visitantes y la instalación de pequeños negocios para la atención al turista. El encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, Paul Saxton, destaca que a la fecha hay unas 630 personas capacitadas en interpretación de flora y fauna tropical, educación ambiental, construcción de senderos naturales, servicios de ecoturismo y manejo de áreas protegidas.

BELLEZA Y ARTESANIAS

Todas esas acciones son combinadas perfectamente con actividades familiares de tallado de artesanías, guías, alojamiento y cultivo de hortalizas, también apoyadas por medio de la AID.

Hacia donde se dirijan los ojos hay algo digno de verse, desde los bosques de pinos tropicales, las cascadas de agua, el bello panorama que en la lejanía hacia el Oeste ofrece la cordillera de Los Maribios, pájaros de diversas especies, orquídeas de raras bellezas, así como las bromelias, típicas de bosques nublados.

Para llegar hasta la Estación de Guardaparques y Visitantes de la Reserva El Tisey-Estanzuela, se sale de Estelí hacia el Sur, unos 13 kilómetros; se llega a La Garnacha, comunidad productora de queso de cabra y de vaca, de diversos cultivos orgánicos, así como de artesanías de marmolina, de trabajos de tallado en piedra, y a unos dos centenares de metros, está el centro de atención de este trabajo.

A MEDIA HORA AL SUR DE ESTELI

Mientras el vehículo avanza por el sinuoso camino que va reptando como una culebra entre cerros, pinares, rocas y abismos, pegada al duro suelo de piedras sueltas, se va conociendo todo tipo de leyendas tejidas desde tiempos inmemoriales por los pobladores del lugar.

El sitio se llena del ambiente que deja a la imaginación los cuentos de esos parajes, que se revelan a los sentidos con las voces casi inaudibles del tiempo, de los osados visitantes de la fresca campiña que se perdían inexplicablemente de acuerdo a las leyendas, mientras el viento ayuda al misterio con su rumor de mar, lejano, casi apagado.

La estación de atención de visitantes y de guardaparques, ubicada a unos mil 500 metros de altura, cubre una de las estribaciones de la fresca montaña esteliana, y un poco más hacia el Norte está la bellísima cascada del Salto de la Estanzuela, que cae desde un pequeño cañón hacia lo profundo de la garganta de no muy fácil acceso, y que pese a ello es el balneario oficial del departamento. Llegar al sitio vale la pena.

sábado, 26 de septiembre de 2009

DESTRUCCION DEL PARAISO

Otras versiones, apuntan que al final de la época mesozoica ocurrió un drástico cambio de clima, se secaron los pantanos y retrocedieron las aguas de los grandes mares interiores. La evolución de la flora pudo haber constituido el segundo factor de importancia en la extinción de los dinosaurios. Tal vez los herbívoros no se acostumbraron al cambio de vegetación y murieron, luego le siguieron los carnívoros porque no tenían que comer.
Otros investigadores sostienen que como los dinosaurios adoptaron formas tan exageradas y grotescas se resistieron a las modificaciones indispensables para sobrevivir.
Además, es posible que ya en la decadencia de los gigantes del Jurásico los mamíferos que eran de talla insignificante, activos y rapaces, se hayan comido los grandes huevos de los dinosaurios.
El caso es que el reinado de los dinosaurios que duró 140 millones de años finalizó, apunta Woolfolk Saravia, y los sobrevivieron los mamíferos pequeños, antecesores de muchos de los especimenes de los que hay certeza de que hubieran habitado Guatemala y cuyos restos hoy se encuentran en el Museo de Estanzuela y en otros museos del mundo.

UN PAIS PLAGADO DE FOSILES

Roberto Woolfolk Saravia, pionero de los paleontólogos en el país, sostiene que en Honduras, El salvador y en Guatemala, habitaron dinosaurios. Woolfolk, promotor de la creación del museo paleontológico de Estanzuela, Zacapa, esta convencido de que las tierras de ese municipio se encuentran plagadas de fósiles y restos de animales prehistóricos que todavía no han sido extraídos.
El paleontólogo cuenta cómo en Chiquimula el sacerdote de una aldea descubrió en la casa de un campesino dos enormes huesos. "Era el cuerno central de una vértebra que tenía un diámetro como el de un tonel de 5 galones", afirma.
Resulta que el campesino que tenía en su poder esos fósiles había sido jornalero en tiempos de Jorge Ubico. Mientras se encontraba abriendo brecha para construir los caminos de la zona, se topó con esas piezas y las llevó a su casa para construir una mesa. El resto del animal está todavía dentro de la montaña. Para sacarlo se requiere de mucho tiempo y dinero. Una cuadrilla de ocho personas que trabajaran ocho horas diarias, se tomaría muchos años para poder extraer el cuerpo completo. "En realidad me conformaría tan sólo con rescatar un fémur de ese animal", comenta con frustración.
El pionero de la paleontología en Guatemala tiene la certeza de que se trata de la osamenta de un enorme dinosaurio del período terciario temprano, pero aún no sabe a qué género pertenece. La presencia del animal posiblemente se deba a una reacción de sobrevivencia que lo hizo remontar obstáculos increíbles, ya que por aquel entonces el territorio de Guatemala sólo constaba de pequeñas islas. Precisó que esas isletas consecutivas eran las cumbres de Las Minas, que permanecieron fuera del agua durante la era mesozoica en el período cretácico (hace 50 millones de años) En lo que respecta a la desaparición de los especimenes de esa era, se han manejado muchas teorías. Para Woolfolk, la más veraz es la que se refiere a la estrepitosa caída de un meteorito en el área de Yucatán, según los datos más recientes, que barrió con los dinosaurios y con todo ser viviente. Se ha calculado que este meteorito tenía 10 kilómetros de diámetro y que al chocar con el planeta hizo un cráter de 175 kilómetros de ancho. Según el profesor, "si lo medimos, tomando como punto de partida Salamá, Baja Verapaz, el resultado sería que ese cráter cubriría casi todo el país, excepto los departamentos de Petén, San Marcos y parte de Izabal".
Se cree que el sol quedó oculto durante 5 años por la nube de polvo resultante del impacto violento a gran velocidad, causando energía equivalente a 100 millones de megatoneladas de trinitrotolueno, interrumpiendo la fotosíntesis planetaria, con lo cual todas las especies marinas y las grandes especies terrestres perecieron por la falta de los factores ecológicos. El hallazgo del iridium en un estrato delgado como un lápiz con una antigüedad de 66 millones de años encontrado en una roca de Gubbio Italia, reveló una frontera entre el período cretácico y el terciario temprano, que apuntala esta teoría.

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